En un momento de la refriega los soldados, que han abandonado sus mochilas para ir más ligeros, empiezan a retroceder ante un segundo ataque. Entonces Prim toma la bandera española y dirige su caballo hacia el enemigo y, volviendo la cabeza, grita a los batallones: “¡Soldados!¡ Vosotros podréis abandonar esas mochilas que son vuestras pero no podéis abandonar esta bandera que es de la patria!. Yo voy a meterme con ella entre las filas enemigas...¿Permitiréis que el estandarte de España caiga en poder de los moros? ¿dejaréis morir solo a vuestro general?”
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