Esta peli (y esta crítica, que publiqué en mi myspace en su día) tiene ya un par de años, pero creo que sigue bastante vigente, y puede ilustrar un poco el tema éste de la violencia en los media, la doble moral y demás. ¡Uno de los signos distintivos de este (casi completamente asqueroso) siglo XXI!
"Violence in movies and sex on TV"
"...but where are those good ol' fashioned values
on which we used to rely?"
Bueno, la tonadilla de la familia Griffin viene a cuento de un film que acabo de visionar, llamado Funny Games U.S., del director de origen alemán Michael Haneke, y protagonizado por Naomi Watts (también productora ejecutiva) y Tim Roth. Si les gustan a ustedes las películas de asesinos en serie, y/o el reparto más o menos les sugiere -como me ocurrió a mí- que puede haber ahí al menos algún instante de buen cine, deberían ponerla en algún lugar de su lista. Desde aquella escenita en Mullholland Drive de "la prueba" para actriz en Hollywood, la Srta. Watts definitivamente está en mi lista, y si su presencia no consiguió, en su momento, salvar el bodrio King Kong de Peter Jackson (nadie lo habría hecho), sí me convenció recientemente en Promesas del Este. Y en cuanto a Tim Roth, bueno, su trabajo a las órdenes del mejor Tarantino son suficientes credenciales, aunque tiene algunas más. Ambos protagonistas hacen un esforzado trabajo en este curioso film, presunta parábola sobre la violencia-en-la-sociedad-actual, a propósito de una familia felizmente acomodada cuyo solaz se ve brutalmente alterado por la irrupción en su chalecito de unos inesperados serial-killers de clase alta e instintos muy, pero que muy bajos.
No, desde luego no es la consabida sangrienta historia de psicóticos al uso, éso hay que reconocerlo. Hay tortura psicológica y de la otra también, pero esos dos borjamaris vestidos de blanco impoluto, armados de palos de golf de buena marca (!), y de una cortesía inquebrantable (asquerosa, dadas las circunstancias), resultan de lo más curioso que hemos podido encontrar en el ya amplio catálogo de monstruos del mundo moderno, desde el sibarita Hannibal Lecter hasta el simpático Dexter (el hijo que toda madre de mediana edad anhelaría tener). El suspense, elemento ya indispensable en éste más que en ningún otro género, es de los que te agarran por las solapas de la chaqueta y no te sueltan hasta los títulos de crédito.
Tampoco faltan momentos de gran interés visual y cinematográfico (y no sólo por la lencería de la Srta. Watts, aunque también), referencias a las oscuridades de Cronnenberg o David Lynch, con esos largos planos fijos de Tim Roth tirado en el suelo no sabemos si vivo o muerto, y ese inesperado rebobinado en la parte culminante de la historia. Y, por qué no decirlo, si es muy cierto: quizás los asesinos más repugnantes que han mancillado la gran pantalla (no muy "grande" últimamente, la verdad) en los años recientes.
Pero que no todo sean flores, caramba. Hay un par de cosas irritantes en esta película y no voy a dejar de anotarlas. La primera es el final. No, no me vale lo de la "parábola de la violencia en los media etc etc": ¡yo quiero finales dignos, joder, y salir contento del cine!. La otra, bueno, la habitual mano negra de la Cruzada Anti-Pezones alentada por los poderes fácticos de Hollywood y seguida de manera tan estúpida como injustificable en Europa tambien: en cuestiones de violencia, todo vale, o sea, todo-todo, pero en cuanto a los centímetros de epidermis femenina, mucho ojo, que es pecado y gordo. De manera que, para variar, cuando la protagonista se desnuda a instancias de los dos descerebrados de turno ("¿ves como no tenía michelines?"), la cámara se le queda a la altura del cuello, no sea que al espectador adulto le vaya a dar un infarto o algo. (Bueno, quién sabe, a lo peor alguién acabó en urgencias en su día contemplando la resplandeciente anatomía de Patricia Arquette en una escena muy similar en Lost Highway). Eso sí, las torturas gratuitas a un niño y a sus padres, las víctimas elegidas al azar para mitigar el aburrimiento de dos viles y asquerosos monstruos no parece que vayan a escandalizar ni a herir sensibilidades en ninguna parte.
Me encanta esta repugnante doble-moral, que diría Stewie Griffin.
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